Pastoral Social de la Caridad

icono bizantino_lavatorio_piesLa principal misión de la Iglesia es la de evangelizar; nuestro Señor Jesucristo dijo a sus discípulos: “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea, se condenará.” (Mc 16,15-16).
Para cumplir su misión, la Iglesia fundamenta su trabajo en tres pilares fundamentales: el oficio de la Liturgia (sacramentos), el oficio de la Catequesis (educación en la fe) y el oficio de la Caridad (asistencia social a los más pobres).

 


La pastoral litúrgica:

Proporciona los sacramentos; nuestro señor Jesucristo instituyó los sacramentos, y dio a sus ministros el poder de administrarlos: El bautismo, la penitencia y reconciliación, la eucaristía, la confirmación, el matrimonio, el orden sacerdotal, y la unción de los enfermos.

La pastoral catequética:

Educa en la fe y anuncia la buena noticia, que Jesucristo es nuestro Redentor y “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tim 2,3-4). Nuestro señor Jesucristo ora al Padre, y le dice: “Padre, ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo.” (Jn 17,3).

La pastoral social de la caridad:

Atiende a los más necesitados y vulnerables, fue constituida cuando los doce apóstoles eligen a siete diáconos para el servicio de la caridad: “En aquellos días al crecer el número de los discípulos, hubo quejas de los griegos contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron ‘No es justo que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Por tanto, hermanos, elegid de entre vosotros a siete hombres de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de esa tarea; mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.’ La propuesta agradó a toda la asamblea y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía, los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos”. (Hch 6,1-6).

Los voluntarios de la pastoral social de la caridad en las parroquias son los continuadores de la labor de esos primeros “diáconos” que significa “servidores”; Jesucristo nos dice: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir” (Mt 20,28), y sirvió a los pobres, a los enfermos, a sus apóstoles y a toda persona necesitada o sufrida.

Recordemos además que Jesucristo al referirse al juicio final nos dice: ”Cuando el hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregados delante de él todas las naciones, y el separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: ´Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y acudisteis a mi.’ Entonces los justos le responderán: ‘Señor ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber?¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos?¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y acudimos a ti?’ Y el Rey les dirá: ‘En verdad os digo que cuando hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis.’ Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘ Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis.’ Entonces dirán también estos: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento o forastero o desnudo o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?’ Y él entonces les responderá: ‘En verdad os digo que cuando dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo.’ E irán estos a un castigo eterno, y los justos a una vida eterna.” (Mt 25,31-46).

Por tanto, el Servicio de la Caridad consiste en la atención a las personas pobres, ancianos, enfermos, migrantes, madres abandonadas, privados de libertad, y en general las personas más vulnerables de la sociedad, en sus necesidades fundamentales; es decir, la pastoral social radica en realizar obras de misericordia.

La fe, la esperanza y la caridad son las tres virtudes teologales, y San Pablo afirma, en la carta a los Efesios, que la caridad es la virtud más importante; si no se la tiene toda nuestra vida y existencia es vacía.
Nuestro Señor Jesucristo, frente a la pregunta sobre el mandamiento más importante, afirma que el amor a Dios y al prójimo resume toda la ley y los profetas; y en la última cena nos dice: “Os doy un mandamiento nuevo que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.” (Jn 13,34-35).

Entonces ¿Cómo debemos amar? Precisamente hasta dar la vida por el prójimo. El apóstol Juan, que en la última cena posó su frente en el pecho de Jesucristo y le fueron revelados secretos celestiales, en su primera epístola afirma: “En esto hemos conocido lo que es amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?” (1Jn 3,16-17). ¨Si alguno dice: ‘Yo amo a Dios’, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y nosotros hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.” (1Jn 4,20-21).

Por tanto la caridad no consiste en dar lo que nos sobra, sino en amar y servir al prójimo con todo lo que poseemos y aún más con todo nuestro ser, hasta dar nuestra misma vida, como Jesucristo la ha dado por nuestra salvación.

El servicio pastoral de la caridad en la Iglesia se realiza con la ayuda gratuita y cariñosa de los voluntarios, a favor de las familias más pobres de nuestras parroquias, al estilo del buen samaritano (Lc 10,25-37), mediante pastorales específicas, cuyo objetivo es la atención de las necesidades de los más pobres:

  • Pastoral de la Salud, para la asistencia a los enfermos y ayuda a los ancianos.
  • Pastoral Penitenciaria, para la atención de las personas privadas de libertad o encarceladas.
  • Pastoral de la Mujer, para la asistencia a las viudas, las madres solteras y las mujeres en situación de maltrato.
  • Pastoral Familiar, para la atención a las familias en conflicto, con riesgo de separación o dificultades con sus hijos, o con sus progenitores, y para la asistencia de las parejas con problemas, o que estén por casarse para prepararlos para el matrimonio.
  • Pastoral de los Necesitados, para la atención de los pobres, los ancianos abandonados, de los niños y niñas desamparados, y de los jóvenes solos con dificultades o aislados con problemas de adicción.
  • Pastoral del Inmigrante, para la asistencia a personas que por diversos problemas hayan abandonado su patria, y se encuentran con dificultades para legalizar su situación o para encontrar trabajo.
  • Pastoral Laboral, para ayudar a que las personas desempleadas, por medio de cursos de capacitación, y de otras actividades relacionadas, con el propósito de que encuentren un trabajo digno.

Para lograr un buen trabajo hay que tener en cuenta que:

“En el mundo actual la caridad tiene un sentido social; no son suficientes los esfuerzos individuales; las ayudas se realizan por instituciones permanentes, organizadas, con subvenciones diversas”.

“Se busca el bienestar social del prójimo con amor y dignidad; se requiere que los voluntarios conozcan y estén formados en la Doctrina Social de la Iglesia, que para muchos cristianos es todavía un tesoro escondido, mediante su estudio y reflexión llegaremos a descubrir el mensaje de la Iglesia para iluminar la realidad y transformarla con la fuerza del amor a Dios y al prójimo”.

“Es precisamente la formación en la Doctrina Social de la Iglesia la que aparece como una necesidad común en la perspectiva de dar a los voluntarios de Cáritas los elementos de formación que cualifiquen su presencia y compromiso socio político en sus propios ambientes de trabajo pastoral parroquial. Considero que la lectura y el estudio de este pequeño tratado titulado: ‘Versión Popular de la Doctrina Social de la Iglesia’, elaborado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social en Ecuador y la Comisión Episcopal de Acción Social en el Perú (2001) es un material muy valioso para que su mensaje llegue a los sectores populares, a cristianos organizados en las Cáritas Parroquiales, a movimientos laicales y a otros programas de la pastoral social”.

Para lograr la formación de los voluntarios en los programas de la pastoral social, este periódico está planificando presentar un curso virtual sobre la Doctrina Social de la Iglesia; para que siga resplandeciendo en el mundo el amor y la unidad de la comunidad cristiana, mediante la atención a los más necesitados, desarrollando siempre nuestros trabajos pastorales para la mayor gloria de Dios.

Citas:

Tres citas obtenidas de la conferencia: Espiritualidad en Adviento y Pastoral Social Cáritas, del P. Germán Delgado, párroco de San Juan Bosco, Noviembre 2011.

Agradezco al padre Germán Delgado por proporcionarme una copia de su conferencia, así como también al padre Edwin Ortiz, director de este periódico: Cáritas Virtual Quito, por haber revisado este artículo.

Alejandro Araujo.

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